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Ya no hay excusas

Se acabaron las excusas. Durante los últimos años, arandinos y ribereños hemos sido testigos, en ocasiones de manera impasible, de cómo las administraciones públicas hacían uso de una retahíla de peregrinas disculpas para justificar su nulo apoyo a la línea ferroviaria del antiguo Directo. Si no era la falta de rentabilidad era la baja demanda, si no, la apuesta por otros trazados o la elaboración de un misterioso y eterno estudio de viabilidad. Hasta que un desgraciado incidente, que ya puestos a pensar mal, y dada su oportunidad, parece hasta provocado, dio la puntilla al moribundo trazado y fue el desencadenante de las maniobras que acabaron con su cierre definitivo.

Pero ahora que se han descubierto todas las cartas, lo que ha quedado patente ha sido la endeblez de algunos de estos argumentos. La línea no solo es rentable sino que teniendo en cuenta únicamente las cifras de movimiento de mercancías del Puerto de Bilbao –que recurre al ferrocarril para dar salida al 20% de ellas y que ya ha dejado constancia de su interés por poder usar la Madrid-Aranda-Burgos-Irún- queda garantizada su viabilidad. Los cálculos iniciales apuntan a que el aprovechamiento de la línea, con el recorte de cien kilómetros por trayecto que en estos momentos los convoyes están obligados a recorrer al tener que pasar sí o sí por la ‘céntrica’ Valladolid, supondría un ahorro anual de 400 millones de euros en costes de transportes. Ni siquiera importa ya que la línea esté sin electrificar, ese ‘faraónico’ proyecto que se reclamó infructuosamente y que siempre fue rechazado porque requería una irrisoria inversión de 30 millones de euros, ya que para operar dentro de zonas portuarias se prefiere la maquinaria diesel. Por no ser necesario, no lo es ni el concurso del sector público, ya que podrían ser operadoras privadas las que asumieran la gestión y explotación del trazado.

Cuando se trasladen todos estos argumentos a los responsables gubernamentales, junto al mayoritarío respaldo a la reapertura de la línea, urgido desde el sector político, empresarial, turístico y, en general, ciudadano, tendrán que pensar mucho hasta dar con un nuevo clavo ardiendo al que agarrarse para seguir rechazando lo que es una petición justa e irrenunciable. Aunque conociéndoles, seguro que darán con alguna. Si no, al tiempo.

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